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El nuevo Concepto Estratégico de la Alianza Atlántica

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    agosto 2022

    La última cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, por sus siglas OTAN, tuvo lugar en Madrid los 29 y 30 de junio de 2022. A pesar de estar planeada desde octubre de 2021, los temas de la reunión fueron adaptados a la actualidad y giraron alrededor de Ucrania, Rusia y China, además de los temas más generales como el cambio climático y el terrorismo. El objetivo de esta cumbre no era repetir la cumbre extraordinaria de Bruselas del 24 de marzo del mismo año convocada en respuesta a la invasión rusa de Ucrania. De hecho, se elaboró un nuevo concepto estratégico. Aunque no exista una regla estableciendo la frecuencia de la elaboración de este documento, en la costumbre se redacta aproximadamente cada diez años.

    El último concepto estratégico de la OTAN fue el del año 2010 en el cual un mayor cambio debe de estar subrayado. En 2010, se escribía: “la zona del Euro-Atlántico está en paz”, mientras en el nuevo texto de 2022 se declaró que la paz no estaba y que no se podía ignorar la posibilidad de un ataque en contra de uno de los miembros de la Alianza. La paz de estos últimos años hizo perder de su interés a la OTAN. Asimismo, el presidente francés Emmanuel Macron afirmaba en 2019 que la organización se encontraba con “muerte cerebral”. Sin embargo, la guerra volvió en el continente europeo y ahora constituye el factor detonante de la redinamización del grupo, así como de la integración de nuevos países, Suecia y Finlandia, los cuales cambiaron de estrategia al ver la nueva realidad de seguridad europea.

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    Los líderes de la OTAN, segundos antes de tomar la foto formal de familia, en la Cumbre de Madrid, en Ifema | AP

    El despertar de la organización coincide también con la voluntad estadounidense de volver al multilateralismo, a diferencia del aislamiento de la administración de Trump entre 2017 y 2021. Si no se puede imaginar cómo Donald Trump hubiera reaccionado a la guerra de Ucrania como presidente de la primera potencia militar mundial, es difícil pensar que EE.UU. hubiera recuperado su papel de líder de facto de la OTAN con él. Sin embargo, antes de su elección, Joe Biden ya expresaba su voluntad de hacer volver su país a la escena internacional a través de una mayor cooperación en la Alianza. Pues, esta guerra ruso-ucrania aparece como la oportunidad para rehabilitar el liderazgo de Estados Unidos en Europa, el continente que había dejado al margen para focalizarse en el Indo-Pacífico.

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    Soldados de la OTAN del Reino Unido durante el entrenamiento militar en el Área Central de Entrenamiento en Lasna, Estonia | Getty

    De hecho, al leer este concepto estratégico, da la impresión de un “déjà-vu” porque destaca una visión bipolar del mundo: la división entre las democracias occidentales y las nuevas autocracias de Asia. El primer campo encabezado por EE.UU. son los defensores de las libertades individuales, del derecho internacional y de la cooperación para la paz mundial; aunque los otros están descritos como los malos liberticidas que quieren destruir el orden mundial pacífico y debilitar la seguridad internacional. Las potencias de la OTAN determinan a sus oponentes claramente: Rusia, considerada como la amenaza principal, la República Popular de China que es vista como un desafío, así como unos países “rebeldes” como Corea del Norte o Irán que no respeten el derecho internacional con respeto a las armas nucleares. Mientras los Occidentales saltan en la primera ocasión para señalar a sus oponentes cuando no respetan el derecho internacional, no suelen reconocer sus propias transgresiones, como la intervención de Estados Unidos en Irak en 2003. Al siempre posicionarse como los buenos y al estar acostumbrados a ser los diseñadores del sistema internacional, los Occidentales parecen intocables. En este nuevo concepto estratégico, se vuelve a encontrar esta visión del mundo que se había atenuado con el repliegue diplomático estadounidense realizado por la administración Trump.

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    El presidente ruso, Vladimir Putin, junto a su homólogo chino, Xi Jinping | AP

    Esta vuelta atrás muestra que los Occidentales no están preparados a dejar sus plazas de líderes del orden mundial, ni a compartir estas plazas con los países emergentes y las nuevas potencias económicas, políticas y militares. A lo largo del concepto estratégico, se habla de proteger el orden internacional y su estabilidad. Este “orden” corresponde a las instituciones a vocación internacional de Bretton Woods creadas en 1944 según los balances de potencia del periodo post Segunda Guerra Mundial. No obstante, este sistema no corresponde a la nueva realidad porque nuevos actores importantes aparecieron: la República Popular de China, la Rusia post-URSS, la India, Brasil. Estos países no están representados en la escena internacional de la misma manera que los países occidentales y sus valores no corresponden a las de las Naciones Unidas creadas por el Occidente. China y Rusia tienen vocación a crear un nuevo orden que esté representativo de la realidad de hoy o al menos más igualitario. Al fin y al cabo, defender un orden mundial que no representa a todos las naciones igualmente demuestra la falta de voluntad de los occidentales a compartir su control de las instituciones internacionales.

    Por fin, esta cumbre de la OTAN parece ser utilizada por los Estados Unidos como un medio de restablecer su presencia en Europa, así como mantener su presencia en el Indo-Pacífico al mencionarlo en el nuevo texto de la Alianza como una región “importante”. A través del concepto estratégico, los aliados de EEUU se ven vinculados a la nación también en otro océano.  De este modo, se ha de subrayar la presencia de Australia, Corea del Sur y Japón en la cumbre, tres actores del Indo-Pacífico aliados de la Casa Blanca. Si se temía que Estados Unidos dejara el Indo-Pacífico por culpa de la guerra de Ucrania, se entiende ahora que utiliza este conflicto para fortalecer las relaciones con sus aliados europeos y hacerlos girar hacia la nueva zona de mayor interés.

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    Fotografía de archivo de la primera reunión ministerial del Quad, en 2017 | Reuters

    En cuanto al interés de los europeos, muchos miembros de la Unión Europea sienten la necesidad de una protección americana frente a la amenaza rusa. Otros, como Francia, tenían la esperanza de poder construir una defensa europea, proyecto que había fracasado años antes. El alejamiento de Estados Unidos del continente europeo habría sido una buena oportunidad para conversarlo, pero las naciones europeas del este todavía ven a EE.UU. como la garantía de su soberanía frente al imperialismo de Rusia. La vuelta de la primera potencia mundial a Europa significa que el continente no tiene la capacidad a defenderse por sí mismo y todavía depende de otros para su seguridad. En lugar de volver a reinvertir en la seguridad común de la OTAN, una defensa europea sería más interesante y duradera en el futuro porque implicaría directamente a las naciones del continente, no a un actor exterior que se puede retirar en cualquier momento.

    astrid-pautrl-colaboradora-politikal-arena

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