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La existencial amenaza nuclear iraní

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    noviembre 2022

    El programa nuclear de Irán, presentado bajo fines pacíficos, aunque ampliado a fines bélicos, es uno de los aspectos que más ha destacado en la política exterior persa durante los años recientes.

    Con el inicio del liderazgo de Jomeini y después con la continuación del actual Ayatollah Khamenei, la República Islámica ha tensionado la relación con sus vecinos y ha pensado el desarrollo de su programa nuclear con un objetivo instrumental para su política exterior, su ambición regional y para dar credibilidad a la amenaza, hacia los estados con los que rivaliza dentro del mundo islámico, como Arabia Saudí, o contra el Estado de Israel a quien amenaza con borrar del mapa.

    Este liderazgo de los Ayatollah, con el tiempo, ha constituido el programa nuclear en el que conviven el enriquecimiento de uranio, las ojivas nucleares y la fabricación nacional de su programa de misiles. Para que una amenaza se convierta en tal, debe ser creíble para el amenazado por las capacidades de quien amenaza y la teocracia iraní guarda para sí una esencia disruptiva, belicosa y ambiciosa por el dominio regional.

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    La política nuclear es parte de la política exterior de Irán | BBC

    No es menor tampoco que Irán se reserve para sí un principio constitucional en el que se guarda la exportación de la revolución islámica solventada también en el apoyo a grupos terroristas como Hezbollah, que opera fuera de las fronteras de Oriente Medio, los Hutíes en Yemen que amenazan los puntos estratégicos del petróleo saudí o alguna conexión con la Yihad Islámica Palestina y Hamas, aunque sean sunnitas, que amenazan a los civiles israelíes.  

    Por lo tanto, la cuestión nuclear de Irán y su impacto negativo en la seguridad de Israel, como también de sus vecinos árabes, es uno de los puntos que más reservas genera a la hora de volver al Acuerdo Nuclear firmado en 2015 entre Rusia, China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania y los líderes iranís conocido como Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA) o 5+1.

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    JCPOA firmado en 2015 | Infobae

    El primer rasgo de la teocracia iraní es el componente fuertemente antisemita tomando la definición de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IRHA por sus siglas en inglés) y señalando que las expresiones públicas de religiosos y políticos iraníes, incluso funcionarios públicos de envergadura bregan por la desaparición física y espiritual de millones de judíos alrededor del mundo.

    Entre el expresidente Mahmoud Ahmadinejad, una figura clave dentro de las presidencias nucleares iranís, e Ibrahim Raisi, el actual mandatario, comparten la expresión pública contra Israel. En 2006 Ahmadinejad, vaticinó la desaparición del Estado Judío tras calificarlo como una amenaza a los estados árabes, algo que con el tiempo se ha refutado, y pidió borrar a Israel del mapa.

    Junto a las expresiones judeofobas por parte de las autoridades religiosas, políticas y militares, la redacción de un proyecto de ley en el parlamento iraní que hablaba sobre el año 2041 como fecha de caducidad de Israel y las últimas expresiones públicas de Raisi banalizando el holocausto, la amenaza nuclear se consolida como un peligro incremental para la supervivencia del Estado de Israel que contiene a más de nueve millones de habitantes.

    El origen del programa nuclear se remonta a 1957 cuando el Sha Pahleví, el anterior monarca, y el presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, firmaron un acuerdo de cooperación para el uso civil de la energía nuclear. El uso pacífico es legítimo y legal para cualquier país que se ajuste a las normas, con contrapesos institucionales y con control constitucional, algo que no ocurre en Irán desde que se convirtió en una amenaza próxima y desde que la propia constitución se reserva el espíritu de exportación revolucionaria.  

    Este desarrollo civil permitió la construcción del primer reactor nuclear en Teherán en 1967, la firma del Tratado de no Proliferación Nuclear (NPT) en 1968 y finalmente ratificado por el parlamento iraní un año después. Los años previos a las revueltas iniciadas en Qom que terminarían con el cambio de régimen en 1979, fueron contenedoras de los acercamientos pendulares para la cuestión nuclear con Estados Unidos, pero también con la Unión Soviética.

    El enfriamiento de las relaciones y su posterior ruptura con los países occidentales a partir de 1979 hicieron que el programa nuclear se enfriara lo suficiente hasta ser aplazado, también por motivaciones religiosas, durante los primeros años del liderazgo de Jomeini.

    Sin embargo, esa particularidad belicosa y expresada en la exportación de la revolución hizo que, durante la presidencia de Rafsanjaní, la República Islámica de Irán planificara y ejecutara, mediante las Fuerzas Al Quds y Hezbollah, el atentado a la mutual AMIA en 1994 como respuesta a las interrupciones de los acuerdos nucleares que Argentina había firmado años antes.

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    Atentado AMIA en Buenos Aires 1994 | Diario Perfil

    La presidencia de Ahmadinejad, entre 2005 y 2013, es la que mayor peligrosidad nuclear demuestra para sus vecinos árabes e Israel dado que ya desde el 2003, el gobierno debió reconocer, también empujado por la denuncia de los exiliados, que el país estaba enriqueciendo uranio en una planta de Natanz. Distintas presiones de la comunidad internacional llevaron a que en el 2006 se elabore un paquete de sanciones por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y más tarde fueran revitalizadas por una batería unilateral de medidas por parte de Estados Unidos que apuntaban al centro vital de Irán, la exportación de petróleo, pero que abarcaban también la exportación de tecnología militar, nuclear y armas.

    A raíz de la firma del JCPOA, Turquía, Egipto, Arabia Saudita e Israel levantaron sus reservas al considerar, entre otras cosas, que el acuerdo se había firmado a espalda de los vecinos regionales más próximos a Irán y que serían los primeros bajo amenaza en caso de que el régimen teocrático se hiciera con las armas nucleares.   

    El enriquecimiento de uranio es una de las tres partes fundamentales para fabricar las armas de destrucción masiva, sumando también una ojiva funcional y la producción de misiles, como los que Irán posee, de distinto alcance. Escribir un acuerdo solo limitando el enriquecimiento de uranio de Irán no solo no redujo la amenaza nuclear, sino que la magnificó.

    Para la seguridad regional, el acuerdo del 2015 lejos estaba de reducir la peligrosidad nuclear y exponía a los países vecinos a una de las consecuencias más temidas de la escalada nuclear y es el efecto contagio, donde se puede prever que ante un posicionamiento nuclear de Irán, sus vecinos se lanzarán también a la carrera o podrían asumir la existencia ya de estas armas como es el caso de Israel.  

    A partir de la firma y hasta el 2018, el país nunca dejó de enriquecer uranio y llegó a aplicar una producción subterránea y clandestina que quedó en evidencia cuando Israel, respaldado por sus principales aliados árabes, denunció ante la comunidad internacional la peligrosidad y la amenaza muy próxima, incluso de meses, para que Irán se hiciera con las armas nucleares.

    El programa de armas iraní fue dirigido por Mohsen Fakhrizadeh, que era miembro de la Guardia Revolucionaria y quien fuera asesinado tiempo después de declarar que el país ya se encontraba en la carrera por la adquisición de cinco ojivas nucleares.

    La producción nacional bélica iraní es hasta el día de hoy objetada por la comunidad internacional considerando la transferencia tecnológica militar a la Federación Rusa para atacar Ucrania por intermedio de los drones kamikaze. Antes del nuevo paquete de sanciones impulsado por Estados Unidos y la Unión Europea contra Irán, los drones atacaron a judíos en Umán durante Rosh Hashaná bajo lo que se presume como una directiva iraní en función de cumplir el objetivo de atacar judíos fuera de Israel.

    El JCPOA no garantizaba ninguna inspección de posibles sitios en Irán donde se pudieran estar desarrollando armas nucleares y no estipulaba ningún castigo al gobierno iraní en caso de que se descubriera uno. De todas formas, Irán siempre se opuso y obstaculizó la inspección de sus plantas nucleares por parte de los organismos internacionales.

    Entre 2015 y 2018, el acuerdo tampoco impidió que el sistema militar iraní creciera sin obstáculos conteniendo los misiles Shahab-3, con un hipotético alcance hacia Rumania, un país miembro de la OTAN, y sobre los cuales se cargarían las ojivas nucleares. La retirada del acuerdo por parte de Estados Unidos y la casi simultánea salida de Irán implicó la ruptura de este y supuso negociaciones que comenzaron a tomar fuerza nuevamente en el gobierno de Joe Biden.

    La amenaza de una República Islámica resguardada por sus armas nucleares implicó un aceleramiento en la reconfiguración de las alianzas y el equilibrio de poder regional a partir de marzo de 2022 cuando en la Cumbre del Néguev se reunieron los enviados de Israel, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Marruecos y Bahréin, un pequeño país del Golfo que por su población que profesa el chiismo, está dentro de la proyección de la medialuna chiita promovida por Teherán.

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    La cumbre del Néguev y una nueva arquitectura regional | Atalayar

    La cumbre no solo reunió a países con los que Israel ya mantenía un progresivo acercamiento, sino que incluyó a actores estatales mucho más distantes como son los casos de Marruecos y Bahréin. Estos recientes acercamientos con el Estado Judío, que también se profundizan de forma bilateral, componen el presente paradigma político imperante en Oriente Medio que se ha caracterizado por una pacificación instrumental entre árabes e israelíes bajo la persistencia de la amenaza persa que busca consolidarse también bajo el rasgo nuclear.

    El espíritu del nuevo acuerdo que está avanzando en las negociaciones que tiene lugar en Austria, requerirán de la armonía de intereses, pero considerando ahora las amenazas sobre Israel y los vecinos árabes. Tampoco Arabia Saudita, Turquía y Egipto quedarán impotentes frente a una militarización nuclear persa.

    Resta considerar si el nuevo acuerdo nuclear, en caso de que existiese, logrará terminar con la amenaza o bien perpetuarla en el tiempo convirtiendo en cada vez más real un peligro existencial para millones de personas alrededor del mundo.   

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