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¿Qué se le ha perdido a España en Ucrania?

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    febrero 2022

    Rusia ha acumulado ya más de 100.000 tropas (en las estimaciones más conservadoras) en la frontera con Ucrania, buena parte de ellas en la frontera bielorrusa a 80 km de Kyiv. Casi 8 años después de la Anexión de Crimea y la guerra civil en el Donbás, el Kremlin ha vuelto a aumentar la tensión en la región, amparándose en la expansión de la OTAN y amenazando, veladamente, con invadir el país antaño parte de la Unión Soviética.

    Esta escalada de tensión supone una crisis sin precedentes que el propio José Manuel Albares, Ministro de Asuntos Exteriores español ha calificado como el mayor desafío de seguridad en Europa desde la Guerra Fría, e incluso desde la II Guerra Mundial.”

    A pesar de que expertos como Florentino Portero, investigador sénior del Real Instituto Elcano, han afirmado que España “no debe tener un papel relevante en la crisis de Ucrania”, la realidad es que el Estado actuó con decisión apoyando a los socios de la OTAN del Este de Europa, hasta el punto de que en los medios se llegó a hablar de la posibilidad de que España enviaría tropas a Ucrania, si bien en ningún momento el Gobierno apuntó a esta dirección ni existen obligaciones al respecto.

    En lo global, parecería que España no tiene especiales intereses en Ucrania ni la capacidad para ser un actor relevante en la resolución de la crisis. Entonces, ¿cuál es su posición dentro de ella? ¿Qué se ha hecho al respecto? y ¿qué es exactamente lo que busca el Gobierno con este perfil?

    España como miembro de la OTAN

    Desde su ingreso en 1982 (y la posterior refrendación en 1986), España se ha convertido en un socio de indudable confianza dentro de la OTAN. El peso del atlantismo dentro de la política exterior española, y por consiguiente el trato a EE.UU. como socio prioritario, han reforzado esta relación de confianza dentro de la alianza atlántica.

    Perfectamente integrada dentro de las estructuras de mando, incluso con un secretario general como Javier Solana en los 90, España ha participado en las principales misiones de la organización como Bosnia, Kosovo, Libia, Afganistán, el Cuerno de África o Irak.  En la actualidad, el ejército español está presente en 7 misiones de la OTAN: Sea Guardian, Grupo Naval Permanente de la OTAN, Turquía, Irak, Presencia Avanzada en Letonia y las Policías Aéreas del Báltico y Rumanía

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    Los jefes de Estado o de Gobierno en la cumbre de la OTAN de 2021 | EFE

    Precisamente, en junio de 2022, Madrid será la sede de la Cumbre de la OTAN en un momento de especial significancia en el seno de la Alianza tras la retirada de Afganistán y la crisis ruso-ucraniana.

    Por población y por el tamaño de su economía, España (14º país del mundo por PIB) no se encuentra entre los grandes socios de la OTAN: EE.UU., Alemania, Reino Unido, Francia y, en menor medida, Italia. Incluso Canadá, que tiene 10 millones de habitantes menos que España, goza de un mayor poder en lo económico dentro de la Alianza.

    En cuanto al gasto militar, España es el segundo país que menos presupuesto dedica a Defensa de la OTAN, solamente por detrás de Luxemburgo. Con un 1,02% de gasto sobre el PIB en 2021, España invierte la mitad del 2% que marca la OTAN y un 40% menos que Italia o Canadá, los siguientes países grandes que menos gastan dentro de la organización.

    La posición geopolítica de España tampoco tiene especial relevancia en la actualidad. A pesar de situarse en la `boca´ del Mar Mediterráneo, tener vínculos con Latinoamérica y capacidad para extender su influencia por África norte y subsahariana, España se sitúa lejos (geográficamente y en cuanto a intereses) de los dos principales centros de competición geopolítica para la OTAN en la actualidad: el Indo-Pacífico y Europa del Este. Los cada vez más estrechos vínculos de EE.UU. e Israel con Marruecos para ejercer de contrapeso a Argelia, aliado de Rusia en la región, también debilitan la posición de España en el tablero geopolítico.

    En definitiva, a pesar de la adhesión a la alianza mostrada durante décadas, España no goza de una situación privilegiada en la OTAN, más bien al contrario, ya que aunque teóricamente es uno de los `grandes´, hay razones de peso para que España no se siente en la mesa de los mayores.

    De hecho, ésta fue la situación cuando, a pesar de los esfuerzos de España, el Gobierno se quedó fuera de la `War Room´ que el Presidente Biden organizó y que incluyó a los líderes de la OTAN, la Comisión Europea, el Consejo Europeo, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y Polonia.

    Un papel activo en la crisis de Ucrania

    A pesar de las evidentes limitaciones de España dentro de la alianza, y con toda seguridad como consecuencia de ello, el Gobierno español fue uno de los primeros en reaccionar en favor de reforzar la seguridad de los miembros de la OTAN en la región de Europa central y oriental con el envío de cazas Eurofighter a Bulgaria y Rumanía y dos buques de guerra, entre ellos la fragata Blas de Lezo para patrullar el Mar Negro

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    La Fragata Blas de Lezo abandonando Ferrol camino hacia el Mar Negro | EFE

    Desde la OTAN, a través de su secretario general Jens Stontelberg, agradecieron este movimiento por su “vital importancia” dentro de la crisis ucraniana después de haber llamado personalmente al Presidente Sánchez para organizar la cumbre de Madrid y conversar sobre la situación en la frontera ruso-ucraniana. 

    Además del refuerzo a las misiones de la OTAN, el Gobierno español ha mantenido reuniones de alto nivel, como la del Ministro de Exteriores, Albares con su homólogo americano, el Secretario de Estado Antony Blinken o la visita de la Primer Ministra de Finlandia (un país al que cualquier crisis con Rusia le toca muy de cerca) Sanna Marin a España. Fue en la posterior rueda de prensa en la que Pedro Sánchez amenazó con “sanciones masivas” a Rusia en caso de que decidiera invadir Ucrania. En ese mismo acto, Marin afirmó que “tienen la posibilidad de pedir la adhesión a la OTAN”.

    Solo un mes antes del estallido de esta nueva etapa en la crisis de Ucrania, en diciembre de 2021, el Primer Ministro Zelensky hizo una visita oficial a España en la que se reunió con el Presidente del Gobierno Pedro Sánchez. En esta reunión, el mandatario español reafirmó el “compromiso de España” con la integridad territorial de España ante la “amenaza rusa”.

    A lo largo de esta crisis, los ministros de Exteriores español y ucraniano mantuvieron conversaciones telefónicas en las que, desde el Gobierno español se insistió en la política de las 4D (diplomacia, diálogo, distensión y disuasión) como única vía para encauzar la situación. Estos intercambios cristalizaron en la invitación a José Manuel Albares de realizar una visita oficial a Kiev en plena crisis, aceptada por el ministro español. Una muestra más del papel activo que España ha tenido durante el proceso.

    Choques dialécticos en el seno del Gobierno

    En cuanto al ámbito nacional, esta crisis también se ha hecho notar. Desde el primer momento, en el seno del Gobierno de coalición español. En Podemos, partido de Gobierno con 5 ministerios y una vicepresidencia, cuentan con una tradición ideológica y dialéctica ligada al antiamericanismo y a la petición de abandonar la OTAN.

    Bajo el eslógan del “No a la Guerra”, se emitió un comunicado en el que se hablaba de que “no tiene sentido que ahora la OTAN se extienda a Ucrania y Georgia por intereses de EEUU”, el mismo marco dialéctico que esgrime el Kremlin a pesar de que el enlargement hacia Ucrania y Georgia no está, desde hace casi una década, en la agenda de la Alianza Atlántica. Este discurso, que destaca a EE.UU. y la OTAN como agresores y el culpable de la crisis, choca diametralmente contra las acciones y el discurso oficial del Gobierno de España.

    El sector más a la izquierda del Gobierno, es decir, Podemos, se ha mostrado en contra del envío de tropas a países aliados como Bulgaria, Rumanía o los países bálticos a pesar de ser parte de los compromisos adquiridos al formar parte de la Alianza Atlántica. Sus soluciones se centran en “desescalar el conflicto” a través de la retirada de tropas y la búsqueda de una solución pacífica al conflicto, desde una perspectiva diferente a la que marca la política exterior del Gobierno. Desde sectores mediáticos afines a Podemos se ha llegado a insinuar que España enviaría tropas a Ucrania, algo que la Ministra de Defensa, Margarita Robles, ha rechazado de pleno.

    El entendimiento del envío de apoyo militar a los socios de la OTAN como una agresión está directamente relacionada con la escasa cultura de la disuasión que existe en Europa y especialmente en España, un país que desde el “No a la Guerra” de Irak (un caso completamente diferente a la actual crisis en Ucrania) es ampliamente antibelicista y eso afecta a la percepción que la población y ciertos sectores políticos tienen de lo militar. Desde la lógica de la disuasión, el envío de tropas a los socios de la OTAN y el envío de equipamiento a Ucrania, así como la voluntad de establecer sanciones y tomar medidas en caso de una invasión, no son sino instrumentos para desescalar el conflicto y evitar que se dé un choque militar.

    Desde el Partido Popular, principal partido de la oposición, a pesar de su capacidad limitada en esta cuestión, sí han ofrecido su apoyo al Gobierno para abordar esta crisis, algo coherente con el papel del PP como partido de Estado y firmes partidarios del atlantismo y la OTAN dentro de la política exterior.

    A pesar del choque dialéctico en el seno del Gobierno, la realidad es que España ha mantenido una postura firme y coherente con la política exterior histórica y con los compromisos adquiridos con la UE y la OTAN.

    Objetivos ambiciosos a un coste relativamente bajo

    España parece decidida a aprovechar el impulso de esta crisis para ampliar su capital político dentro de la OTAN en un año significativo, tanto por la celebración de la Cumbre en nuestro país, como por la coyuntura en la que parece que se avanza hacia una suerte de “reotanización”. Esto serviría también para mejorar la relación bilateral entre España y EE.UU., así como la posición de España en la arena internacional en su conjunto.

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    José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación del Gobierno de España | EUROPA PRESS

    Es relevante comentar que España se encuentra en una posición favorable respecto a esta crisis, ya que si bien para la mayor parte de Europa el suministro gasístico proviene de Rusia, y por tanto existe un alto riesgo para la política doméstica y la población en caso de conflicto, España importa la inmensa mayoría de su gas a través de los gaseoductos que la conectan con Argelia y solamente un 10% del gas importado proviene del país eslavo.

    Los objetivos generales del bloque geopolítico occidental, es decir, la defensa de la arquitectura de seguridad europea y la contención de Rusia en su frontera oeste, son cuestiones muy relevantes para España y su política de defensa y seguridad y, por tanto, objetivos también para el propio país.

    Además de estos objetivos de carácter más general, España tiene una perspectiva estratégica clara a través de la cual seguir reforzando su papel en la OTAN y su posición en la arena internacional: incrementar el peso del Flanco Sur (Magreb y Sahel) en la estrategia de la Alianza.

    Si bien la situación en el Magreb está controlada en el ámbito de la seguridad, el Sahel y los países que lo conforman se han convertido en un auténtico polvorín. A pesar de que la UE cuenta desde hace años con misiones militares para combatir la amenaza terrorista en la región, ésta no para de crecer. La inestabilidad en la región se ha visto acrecentada por la miríada de golpes de estado militares que se han llevado a cabo en los últimos años, no solo en el Sahel, sino en el conjunto de África Occidental.

    Cualquier desestabilización adicional en la región podría tener consecuencias graves para los socios europeos de la alianza en forma de oleadas de inmigración y refugiados y la exportación de terroristas. Por estas razones, el Gobierno español tiene especial interés en evitar que exista un vacío de poder en la región que podría tener derivaciones especialmente peligrosas para Europa. De hecho, la Ministra de Defensa, Margarita Robles, ha incidido en la necesidad de que Mali no se convierta en un nuevo Afganistán .

    El servicio exterior español, en las últimas décadas, ha adquirido considerable expertise en la región, como ha afirmado el José Manuel Albares. Esto se debe a las numerosas misiones de cooperación, diplomáticas y de defensa que se han llevado a cabo en la región, por lo que ya se considera como una pieza clave dentro de la Estrategia Exterior de España. Por tanto, España se podría situar como un actor principal en caso de que la OTAN redoblase sus esfuerzos en el Flanco Sur, tal y como reclama el Gobierno español.

    Este hipotético fortalecimiento de España dentro de la OTAN y el sistema internacional sería también instrumental para reforzarse en relación a Marruecos y el Magreb, fuente de tensión en los últimos tiempos debido a las reclamaciones marítimas del Gobierno Marroquí, la actuación en el Sáhara Occidental (en donde España mantiene teóricamente un papel de potencia descolonizadora) y los conflictos ya casi anuales en las fronteras de Ceuta y Melilla.

    una estrategia coherente 

    A pesar de las constantes críticas a la acción exterior de España dentro de la opinión pública española (que incluso llega a la propia coalición del Gobierno), y de las propias limitaciones geopolíticas y geoeconómicas del país, el Gobierno de España ha desarrollado una estrategia coherente histórica y geopolíticamente con unos objetivos claros, y manteniendo los compromisos adquiridos con las organizaciones internacionales de las que forma parte, principalmente UE y OTAN.

    Si bien por su posición España podría, perfectamente, resignarse a ocupar un espacio residual, el Gobierno ha decidido actuar de forma activa en esta crisis para conseguir fines instrumentales para los intereses del país. Con un coste relativamente bajo, el Gobierno de España podría mejorar su posición no sólo dentro de la UE y la OTAN sino también al respecto de algunos de sus principales polos de competición geopolítica en el Norte de África y el Sahel.

    La enorme incertidumbre que acompaña a esta crisis nos impide analizar certeramente si esta estrategia puede ser exitosa o no. Por ahora, lo que sí podríamos afirmar es que existe voluntad en el servicio exterior español de hacer crecer la influencia de España en el mundo y perseguir los intereses de la nación.


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