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¿Por qué España (todavía) quiere que Turquía ingrese a la UE?

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    noviembre 2021

    El 17 de noviembre, mismo día en que las autoridades turcas detenían en oscuras circunstancias al famoso cantante sirio Omar Souleyman, el Presidente del Gobierno español y Recep Tayyip Erdoğan, Presidente de Turquía se reunieron en el marco de la VII Cumbre Hispano Turca. En un momento de tensión entre el país turco, la UE y varios de sus países miembros, Pedro Sánchez afirmó lo siguiente:

    «Nos une una histórica apuesta porque Turquía forme parte de la Unión Europea. Turquía no es solamente, a juicio de España, un vecino. Es un socio y un aliado imprescindible para la Unión Europea».

    La polémica está servida ya que, desde hace años, la entrada de Turquía en la Unión Europea es poco más que una quimera que nadie se plantea realmente, ni Europa ni los turcos. Una posibilidad que, por imposible, muestra que se trata de una posición estratégica para complacer al gobierno turco.

    De hecho, el país otomano lleva casi una década comportándose como un verdadero rogue state«: chantajes a la UE con refugiados, intervenciones militares, detenciones y violaciones de derechos humanos, presiones territoriales a Grecia y Chipre, venta de armamento a países en conflictos armados… Ésta manera de actuar de Turquía, tanto interna como externamente, choca frontalmente no sólo con los intereses de la UE, sino también con sus valores. Este `modus operandi’ responde a un alejamiento entre las posturas europeas y turcas a lo largo del Gobierno de Erdoğan, que en un principio se mostró claramente a favor de la integración con Europa pero que a medida que avanzó el tiempo se fue moviendo hacia posiciones cada vez más islamistas y neo-otomanistas.

    En un momento de evidente confrontación entre Europa y Turquía, España busca presentarse como su principal aliado en la región y un mediador para las desavenencias entre el bloque europeo y los turcos, yendo a contracorriente del resto de socios en la UE.

    Esto no es un hecho aislado, y España siempre se ha movido en la misma dirección; en el apoyo explícito o el silencio cómplice respecto a Turquía.

    España, «apafuegos e interlocutor»

    A principios del 2021 en una cumbre de embajadores en Madrid, Pedro Sánchez calificó a Turquía como un “socio estratégico” con el cual se debería establecer “un diálogo constructivo”. Es importante recordar que estas palabras (y el resto de gestos hacia el país otomano) se dan en un contexto de disputas territoriales entre Turquía y dos Estados miembros de la UE, Grecia y Chipre. De hecho, a lo largo de este proceso, España ha ejercido efectivamente un papel de intermediador que ayudó a reducir la tensión durante la crisis en el Mediterráneo Oriental en 2020 y 2021, navegando entre la interlocución con Turquía y el apoyo a los Estados miembros implicados.

    En aquel momento la prensa turca y las principales agencias del país, como Anadolu, se hicieron eco de la intención del Gobierno español de reforzar las relaciones hispano-turcas, y fue entonces cuando se anunció la celebración de la cumbre hispano-turca que motiva este artículo.

    En abril de 2021, EE.UU. reconoció el genocidio armenio ocurrido entre los años 1915 y 1923, considerado el primer genocidio moderno y en el que fueron asesinados entre 800.000 y 2.000.000 de armenios. La entrada de esta cuestión en la agenda mediática internacional, coincidiendo con una nueva escalada bélica en el conflicto del Nagorno-Karabaj (conflicto del cual la industria de defensa española se beneficia a través de la venta de armamento, principalmente a Azerbaijan), provocó que muchos ciudadanos se sorprendiesen al descubrir que España no reconoce formalmente este genocidio (ni lo plantea en un futuro próximo) a pesar de contar con una vibrante diáspora armenia que incluye a personajes tan relevantes para la cultura española como el músico Ara Malikian o el actor Hovik Keuchkerian.

    Pedro Sánchez con el PM de Libia, Abdul Hamid Dbeib | Pool Moncloa/Jorge Villar

    En otra de las visitas internacionales de alto nivel del Gobierno español en 2021, el Presidente Sánchez tuvo una reunión bilateral con el Primer Ministro del Gobierno de Unidad Nacional de Libia, Abdul Hamid Dbeib PM, que a pesar de ser el PM en este momento de transición cuenta con fuertes vínculos con Turquía que llegó a apoyar militarmente a su facción en la guerra civil.

    Ya en julio de 2021 Pedro Sánchez tuvo un encuentro con Erdoğan, en el marco de la cumbre de la OTAN, tras la cual los Ministros de Defensa de ambos países reafirmaron las buenas relaciones bilaterales y el deseo de impulsar la cooperación industrial.

    Turquía, parte central de la estrategia de la política exterior española

    Antes de entrar en los intereses geopolíticos y estratégicos que España y Turquía comparten, conviene primero recordar la que fue una de las principales doctrinas de política exterior de la historia contemporánea española. Hablamos de la “Alianza de Civilizaciones” impulsada por el exPresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Se trata de un programa de Naciones Unidas puesto en marcha con el co-patrocinio de España y Turquía con el objetivo de unir al mundo occidental y al musulman para resolver problemas globales como el terrorismo desde una vía diplomática.

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    Zapatero y Erdogan en Estambul | EFE

    A pesar de las muchas voces críticas con este programa, el cual para muchos no llegó nunca a acercarse a sus objetivos, lo que aquí nos atañe es el estrecho vínculo generado entre España y Turquía a raíz de la Alianza de Civilizaciones. Desde ese momento, los dos países han establecido una intensa relación de cooperación y de intereses mutuos, cristalizadas en las sucesivas Reuniones de Alto Nivel bilaterales, que explica, en buena medida, por qué a día de hoy la política hacia Turquía ocupa una posición de centralidad en la estrategia de política exterior española.

    Respecto a los intereses de España en Turquía, existen dos ámbitos con gran importancia: el comercio y las relaciones económicas, y la cooperación en materia de seguridad y defensa.

    Una relación comercial al alza

    Para hacernos una idea del impulso que ha recibido el comercio bilateral entre España y Turquía cabe comentar que no fue hasta 2011 cuando fue inaugurada en Madrid la Cámara Oficial de Comercio e Industria Hispano-Turca. Este hecho indica el escaso desarrollo de las relaciones comerciales entre los dos países antes de estas fechas. 

    En la actualidad, las relaciones económicas entre Turquía y España son muy importantes. Además, han crecido enormemente en la última década. Si en 2010 el valor total de la balanza comercial era de 6.800 millones de euros, para el año 2019 esta cifra se había duplicado para un total de más de 13.000 millones de euros, máximo histórico.

    Sede de la filial turca de BBVA, Garanti BBVA, en Estambul | Garanti

    Además, en 2020 Turquía se había convertido ya en el quinto proveedor más importante para España entre los países fuera de la UE, detrás de China, Estados Unidos, Reino Unido y Marruecos.

    En cuanto a las inversiones, España cuenta con un importante stock en Turquía (no tanto en la dirección contraria) que también ha crecido de forma exponencial, pasando de 906 millones de euros en 2007 a 5.345 millones en 2019. En total, desde 2002, España ha invertido más de 10.000 millones de euros en el país turco. Entre los mayores inversores destacan empresas como BBVA, Mapfre, Grupo Antolín, Gestamp Holding, Roca, Indra, Ficosa, Inditex, Mango, Renfe… En definitiva, se trata de un polo de inversión estratégico para las grandes multinacionales españolas, y por tanto, para la política comercial española en su conjunto.

    Algunas de estas empresas, como BBVA o Mango cuentan con una muy importante presencia en Turquía. La textil catalana relocalizó una gran parte de su producción a Turquía en 2019 después de declarar beneficios récord en ese mismo año. El caso del BBVA es todavía más llamativo, ya que es el accionista mayoritario de Garanti BBVA, el segundo banco privado más importante del país y, en plena crisis de la Lira y de la economía turca en su conjunto, ha redoblado su apuesta al lanzar una OPA sobre el 50,15% restante de su filial.

    Además, entre 2021 y 2040, Turquía proyecta una inversión en infraestructuras de más de 800.000 millones de euros que se centrarán en sectores en los que España es puntera como la construcción, el transporte, la atención sanitaria o la energía lo que supone enormes oportunidades para las transnacionales españolas.

    La cooperación en defensa, un puntal para ambos países

    España y Turquía, además de lazos económicos comparten otros con gran importancia. Ambos son miembros de la OTAN y ocupan una posición privilegiada en cuanto a su posición en el Mediterráneo. Esta situación ha ayudado a que la cooperación militar y de seguridad sea muy importante en el marco de las relaciones bilaterales

    España, que en 2022 albergará la cumbre de la OTAN, ha tenido siempre voluntad de llegar a acuerdos con los turcos en materia de Defensa y seguridad. El propio Erdoğan, en la VII Cumbre Hispano-Turca, agradeció a las autoridades españolas su colaboración a la hora de mantener el sistema de misiles Patriot en Turquía a diferencia de otros países europeos.

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    Buque de asalto anfibio portaaeronaves TCG Anadolu (L-400)

    Como ya hemos comentado previamente, en 2021 los Ministros de Defensa de ambos países firmaron una declaración conjunta en la que se afirmaba el refuerzo de las relaciones bilaterales, y el deseo de mantener y aumentar la cooperación industrial en el ámbito de Defensa.

    Esta cooperación industrial está liderada por Navantia, la naviera militar española, para la que Turquía es uno de sus principales clientes. De hecho, en 2022 está prevista la entrada en servicio del portaaviones TCG Anadolu (L-400), cuya construcción comenzó en 2016 por parte del consorcio hispano-turco Sedef-Navantia.

    Esta fuerte colaboración es uno de los principales motivos detrás de la buena sintonía entre Sánchez y Erdoğan en la última Reunión de Alto Nivel celebrada. De hecho, uno de los objetivos del Gobierno español es mantener esta relación comercial con la cooperación para la construcción de un “megaportaaeronaves” y nuevos submarinos, así como la venta de buques de guerra producidos por Navantia.

    España – Turquía: una relación de «realpolitik» 

    Una vez analizada la situación geopolítica, la historia reciente y los datos económicos, es evidente que España, cuya acción exterior suele ser criticada a nivel interno por guiarse por criterios idealistas e incoherentes, guía su política hacia Turquía bajo una estrategia escrupulosamente realista y de defensa de los intereses nacionales. A pesar de que la oposición no ha tardado en criticar la concordia entre el Gobierno y la problemática Turquía, la posición española respecto al país otomano es, sin duda, una política de Estado que se mantendrá, salvo un radical giro de guión, gobierne el partido que gobierne.

    España busca ahora presentarse como un mediador de primer orden entre Turquía y la Unión Europea. Es decir, ejercer un papel de potencia diplomática que ejerza de interlocutor entre la UE y el país otomano y que ayude a encauzar las relaciones en su conjunto y a rebajar la tensión de los conflictos, también dentro de la OTAN.

    ¿Conseguirá España su objetivo de traer calma y encauzar las relaciones entre Turquía y Europa? ¿Es este papel de mediación real o simplemente es una vía para defender los amplios intereses españoles en el país otomano? ¿Es posible mantener una política exterior de acercamiento mientras Turquía se aleja cada vez más de occidente? Solamente el tiempo podrá esclarecer estas cuestiones.


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