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El capítulo de la integración en la UE se cierra

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    julio 2022

    En 1959, solamente dos años después de la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE), Turquía fue una de las primeras naciones en desear desarrollar una importante cooperación con la CEE con la perspectiva de integrarla un día. Esta voluntad se materializó en un acuerdo de asociación llamado el Acuerdo de Ankara, firmado el 12 de septiembre de 1963. Este acuerdo tiene como objetivo desarrollar la cooperación económica para obtener en un futuro una unión aduanera y facilitar el ingreso de Turquía a la Comunidad. Desde el principio, esta perspectiva fue asumida tanto por Turquía como por la Comunidad. El Acuerdo de Ankara está organizado en tres etapas: una etapa preparatoria, una etapa transitoria y una etapa definitiva. La primera etapa corresponde al reforzamiento de la economía turca para asumir las obligaciones que tendrá en las siguientes etapas. La etapa transitoria corresponde al Protocolo Provisional y Protocolo Financiero del mismo acuerdo que corresponden al “establecimiento progresivo de la unión aduanera” y “el acercamiento de las políticas económicas” entre Turquía y la Comunidad. Esta fase empezó en 1970 y estuvo completada por el Protocolo adicional y Protocolo financiero firmados el mismo año. Por fin, la fase final coincide con la introducción de la Unión aduanera en sí-misma y tuvo lugar en 1996.

    En paralelo, Turquía había presentado su petición para integrarse a la Comunidad Económica Europea en 1987. El país obtuvo oficialmente el estatuto de candidato al ingreso en la nuevamente renombrada Unión Europea en 1999 durante la cumbre de Helsinki que reunía a los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE. De hecho, la creación de la Unión Aduanera era una condición a la integración y a continuación permitía el desarrollo de las relaciones comerciales entre Turquía y la Unión. En 2001, se elaboró la Asociación para la Adhesión de Turquía que establece las prioridades en cuanto a las reformas que el país deberá realizar para cumplir los criterios de Copenhague definidos en 1993 y el marco de negociaciones adoptado más tarde en 2005. Este documento fue revisado tres veces en 2003, 2006 y 2008 para adaptar las prioridades según los avances de Turquía en su proceso de reformas.

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    El Consejo Europeo de 2004 en Bruselas | Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía

    En la cumbre de 2004 en Bruselas, las decisiones anteriores se confirmaron y las negociaciones empezaron el 3 de octubre  de 2005 como planeado.  Sin embargo, las negociaciones no ocurrieron como estaba planeado puesto que fueron obstaculizadas por un desacuerdo entre Turquía y la parte griega de Chipre. En Julio de 2005, cuando se extendía el efecto del Acuerdo de Ankara a los nuevos países miembros de la Unión Europea, de los cuales Chipre, Turquía añadió en una declaración que no reconocía la administración griega de Chipre por la firma de este acuerdo. En razón de esta posición hacia un miembro de la UE, ochos capítulos de las negociaciones no pudieron abrirse como el primero sobre la libre circulación o el decimotercero sobre la pesca, capítulos claves del mercado común. Además, Chipre declaró que no dejaría abrirse seis capítulos si la situación no evolucionara.

    Los años que siguieron no fueron sinónimos de avance. A pesar de nuevos capítulos abiertos y las conversaciones sobre la liberalización de las visas empezadas en 2013, la cooperación entre la Unión Europea y Turquía ocurrió fuera del marco de las negociaciones para el ingreso de Turquía en la UE. Los principales esfuerzos de cooperación pertenecieron al tema de la migración con, por ejemplo, el Acuerdo entre la Unión Europea y la República de Turquía sobre readmisión de residentes ilegales del 16 de diciembre de 2013, el Plan de Acción Conjunto UE-Turquía en cuanto a los refugiados sirios activado el 29 de noviembre de 2015 y la Declaración UE-Turquía sobre la puesta en marcha del Plan el 18 de marzo de 2016. En cambio de fondos importantes de parte de la UE, Turquía se comprometía en ayudarla a enfrentarse a la nueva crisis migratoria, especialmente de los flujos viniendo de Siria. Así, en 2018, el Consejo Europeo (en su formación de Asuntos Generales) declaró que las negociaciones sobre el ingreso de Turquía en la UE habían llegado a un estancamiento y que Turquía se estaba alejando de la UE.

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    Recep Tayyip Erdogan | Reuters

    Ahora, después de casi veinte años de negociación, Turquía no hace parte de la Unión Europea, y ni parece cerca de convertirse en uno de sus miembros. A pesar de las numerosas reformas que el país realizó con el objetivo de cumplir con los criterios del Tratado de Copenhague y después con en el marco de las negociaciones (abolición de la pena de muerte, promoción de las libertades y los derechos humanos, reducción de la inflación, etc.), la tendencia cambió frente a los diferentes obstáculos y la situación nacional turca. En Turquía, el conflicto con los Kurdos se intensificó, las manifestaciones de 2013 estuvieron reprimidas fuertemente, el presidente Recep Tayyip Erdogan vio sus poderes extendidos después del intento de golpe de Estado de julio 2016 y el conflicto sirio y los flujos migratorios se convirtieron en instrumentos de su política exterior. El presidente turco alejó su país de sus socios europeos y llegó a insultar al presidente francés Emmanuel Macron y a llamar a su población a boicotear los productos franceses.

    Así, en la situación actual, se puede preguntar si al fin y al cabo Turquía tenía realmente una oportunidad de entrar en la Unión Europea. Más allá de las limitaciones geográficas que ponen solo una parte minoritaria del territorio turco en el continente europeo, existen varias disputas entre la UE y Turquía que están en relación o con características intrínsecas a Turquía o con posicionamientos de política exterior. El primer bloqueo por parte de los Europeos es Turquía tiene una población importante, con la proporcionalidad en el Parlamento Europeo, le daría el número más importante de eurodiputados y cambiaría el balance actual. Además, se trata de una población musulmana. Aunque el Islam no esté nuevo en el continente europeo, no hace parte de la historia de los países europeos y es el objeto de numerosos polémicas y desacuerdos. En política exterior, Turquía y la UE se oponen a menudo: la doble administración griega y turca de Chipre, la cuestión migratoria, la guerra en Siria y la situación en Libia. Todos estos elementos demuestran las discrepancias históricas que existen entre la UE y Turquía que deberían haber sido la señal indicando que nunca Turquía iba a integrar la Unión.

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    Firma del acuerdo sobre las cereales ucranias entre Ucrania y Rusia | Reuters

    Hoy, Recep Tayyip Erdogan dirige el país con un cierto autoritarismo y no expresa tantas ganas de integrar la UE como antes. Para la Unión, la adhesión de Turquía se ve como una posibilidad para el futuro pero ya no está en el orden del día. Si Turquía había mostrado grandes progresos con numerosas reformas, ahora se observa una vuelta atrás al extremismo político y religioso. Sin embargo, la Unión es consciente del papel estratégico que tiene Turquía como frontera entre Europa y el Medio Oriente así como con Asia. Por lo mismo, intenta mantener contactos con Turquía, la cual parece preferir desarrollar su imagen de potencia regional y su peso en la escena internacional. De hecho, con la guerra entre Ucrania y Rusia, Turquía destacó al jugar un papel de mediador, especialmente con el recién acuerdo sobre los cereales ucranianos concluido entre los beligerantes en Estambul. Asimismo, la nación está implicada en la evolución de la OTAN puesto que la entrada de Suecia y Finlandia en la Alianza, que marca el fin del no-alineamiento de estos dos países, depende de la decisión de Turquía en imponer su veto o no. Por fin, se puede subrayar la influencia de Turquía en Siria y Libia y sus últimas discusiones con Irán y Rusia sobre el tema que están en contradicción con las posiciones de la UE.

    En conclusión, Turquía paró sus esfuerzos para gustar a la UE a toda costa al ver que no le llevó a ningún resultado después de tantos años. Su política exterior está concentrada ahora en su propia imagen en el internacional, en la difusión de su influencia y en la elaboración de amistades coherentes con sus intereses nacionales. Ahora, la Unión Europea es un socio como otro con el cual comparte intereses, pero también tiene desacuerdos. Sin hacerse el aliado de los enemigos de Europa ni aceptando la invasión rusa de Ucrania, Turquía no estableció sanciones económicas en contra Rusia, porque no era en su intereses hacerse un oponente del Kremlin. El país parece no querer elegir un campo, sino guardar relaciones diplomáticas y económicas beneficiosas a la nación. En el futuro, esa posición turca podría cambiar con las próximas elecciones en junio de 2023. La popularidad del presidente Recep Tayyip Erdogan se devaluó los últimos años y su cargo no está asegurado. El próximo presidente, si viene de la oposición, podría sorprender al cambiar la política exterior de orientación y volver hacia una colaboración más importante con la Unión Europea.

    astrid-pautrl-colaboradora-politikal-arena

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