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Shinzo Abe logra su victoria definitiva

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    julio 2022

    Las elecciones a la Cámara de Consejeros del pasado domingo (10 de julio) dieron al fin al Partido Liberal Democrático (PLD), del expremier Shinzo Abe, una victoria lo suficientemente amplia como para poder reformar la constitución pacifista del país.

    El resultado se produce apenas dos días después del asesinato de Abe, quien falleció el pasado viernes en Nara, a las 17:03 (10:03 hora peninsular española). El líder conservador, que se encontraba en la ciudad asistiendo a un acto electoral de cara a los comicios, recibió dos disparos efectuados con un arma improvisada, uno de los cuales le alcanzó en la parte superior izquierda de su espalda y en el cuello.

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    La seguridad del exprimer ministro Shinzo Abe detienen al asesino | EFE

    Fue trasladado de urgencia al Hospital Universitario de Nara en un helicóptero medicalizado, ingresando en parada cardiorrespiratoria. Pese a los esfuerzos del personal sanitario no se pudo hacer nada por salvar su vida.

    Las autoridades aprehendieron rápidamente al asesino, identificado como Tetsuya Yamagami, un veterano de las Fuerzas Navales de Autodefensa (JSDMF), de 41 años.

    La historia del premier más polémico y longevo en el cargo parecía concluir así, de manera traumática, dejando en shock a una de las naciones más seguras del mundo, donde el año pasado tan sólo hubo un homicidio perpetrado con arma de fuego.

    político de cuna

    Nacido en Tokio, en 1954, Abe fue preparado para el servicio público poco menos que desde la cuna.

    Tanto su abuelo materno, Nobusuke Kishi (1957-1960), como su tío abuelo, Eisaku Satō (1964-1972), sirvieron como primeros ministros durante la Guerra Fría. Su padre, Shintarō Abe, mantuvo un escaño en la Dieta durante más de treinta años (1958-1991), llegando a ocupar brevemente la cartera de Industria y Comercio (1981-1982) para pasar después a servir como ministro de Exteriores (1982-1986).

    En sus memorias, “Hacia un país hermoso”, publicadas durante su primer mandato (2006-2007), el expremier cita a su familia como la principal influencia en la forja de su carácter conservador. Ciertamente, a lo largo de su trayectoria, se caracterizó por ser un político de línea dura, a menudo criticado por sus inclinaciones revisionistas en lo concerniente al pasado militar del país.  

    Pese a su dimisión por motivos de salud, en el verano de 2020, mantenía una agenda política ocupada. Su rol como líder de la principal facción del PLD – en el poder de manera casi ininterrumpida desde 1955 – había comenzado a suscitar rumores acerca de su posible retorno de cara a las elecciones de 2025.  

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    Shinzo Abe en el regazo de su abuelo Nobusuke Kishi, primer ministro japonés, en la década de 1960 | NPR

    ¿controvertido y nacionalista?

    En un país donde las ‘dinastías políticas’ son la realidad imperante desde hace décadas, la sombra de sus parientes hizo de Abe un personaje señalado desde el primer momento.

    Antes de ser elegido como premier, su abuelo, nacionalista ferviente, fue ministro de Industria y viceministro de Municiones durante el gobierno militar. Previamente había pasado varios años al mando de la administración de Manchukuo, un estado títere creado en Manchuria durante la ocupación japonesa (1931-1945), y nominalmente dirigido por el último emperador chino, Pu Yi. En este territorio el ejército nipón fabricó diversos tipos de armas, incluyendo varias de naturaleza química y biológica que, bajo supervisión de la funesta Unidad 731, a menudo fueron testadas en prisioneros vivos.

    A la conclusión de la II Guerra Mundial, Kishi fue arrestado por los Aliados y encarcelado en la prisión de Sugamo (reservada a los criminales de guerra de Clase A), donde pasó más de tres años internado antes de ser puesto en libertad. Rehabilitado tras el final de la ocupación militar, en 1952, se reincorporó al ámbito político, emergiendo como el aliado anticomunista ideal que Washington buscaba en Asia. Su suscripción, en enero de 1960, del ‘Tratado de Cooperación y Seguridad Mutuas’, con EE.UU., sentó las bases de la alianza militar entre ambos países.

    La figura de su tío abuelo tampoco se ha librado de las críticas. Pese a ser considerado uno de los líderes más ejemplares en la historia reciente de Japón, la memoria de Eisaku Satō aún genera controversias en Corea del Sur, país con el que Tokio no estableció relaciones diplomáticas hasta 1965, tras la firma de un acuerdo de compensación que las autoridades de Seúl hoy juzgan insuficiente. La reciente crisis entre ambos estados (2018-2021) es claro ejemplo de cuán traumático es el bagaje histórico entre dos vecinos que son los principales socios de EE.UU. en Extremo Oriente.

    El propio Abe se destacó pronto por múltiples controversias. Reivindicó repetidas veces los logros de sus parientes, a quienes definió como patriotas dedicados a la reconstrucción y seguridad de Japón. Expresó su repulsa hacia aquellos críticos con su legado y aprobó reformas que blanqueaban el pasado expansionista del país. Visitó el santuario de Yasukuni en múltiples ocasiones, y su ministerio de Educación introdujo libros de texto de secundaria que ofrecían una visión sesgada de la toma de Nankín, omitiendo también toda alusión a las ‘mujeres de consuelo’. Estos últimos hechos le valieron la condena de las autoridades de China y Corea del Sur, cuyas protestas desoía de manera sistemática.

    ‘abenomics’ y el ‘Japón asertivo’ como legado 

    Desde su regreso al poder, en 2012, el expremier trató de relanzar una economía que llevaba más de dos décadas estancada, introduciendo un paquete de más de 100.000 millones de dólares en estímulos a la inversión y ayudas a emprendedores.

    Sin embargo, su atención se enfocó en devolver a Japón un papel central en la geopolítica global; así como en afrontar las contradicciones constitucionales del país, destacando aquellas relativas a su defensa. Su obstinación, a lo largo de los ocho años siguientes, en tratar de lograr una reforma que regularizara la existencia de las Fuerzas de Autodefensa le convirtió no sólo en el premier más longevo en el cargo, sino también en el más polémico.

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    Fuerza de Autodefensa Marítima de Japón

    Y es que la actual carta magna, redactada durante el gobierno de ocupación militar Aliado, recoge en su Artículo 9 la negativa de Japón a mantener fuerzas armadas de ningún tipo. Tras la rendición, la defensa militar pasó a quedar en manos del ejército de los EE.UU., concentrándose el esfuerzo de la sociedad nipona en la reconstrucción nacional.

    Este equilibro, conocido como ‘Doctrina Yoshida’, comenzó a hacer aguas cuando la Guerra Fría se hizo sentir en Asia con especial bochorno. A medida que las tropas norteamericanas se veían cada vez más enfangadas en los conflictos continentales (Corea, Vietnam, etc), Japón emergía como una de las mayores potencias industriales del planeta.

    Fue así como nacieron, en 1954, las Fuerzas de Autodefensa de Japón (JSDF), que a día de hoy cuentan con más de 210.000 efectivos y con una de las mayores marinas de guerra. Hasta ahora, los políticos japoneses habían tratado de sortear la inconstitucionalidad de su existencia haciendo alusión al Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, la cual recoge al derecho de todo estado a defenderse. No obstante, para Abe, uno de sus objetivos principales era lograr una reforma del Artículo 9 o su derogación definitiva, permitiendo a Japón hacerse cargo de su defensa y colaborar en tareas de seguridad colectiva. Ello, a ojos de su administración, permitiría al fin al país recuperar su condición como estado nación de pro. Abe lo plasmó en un lenguaje más coloquial durante una visita a Washington, en 2013, al manifestar su deseo por que Japón volviera a ser “un país normal” [sic].

    un premier realista y consecuente

    Sus detractores a menudo señalaron la ironía de que el primer premier nacido después de la II Guerra Mundial se mostrase como el más militarista de todos. Pero Abe tan solo era consecuente.

    Con la amenaza norcoreana siempre pendiendo y con una China cada vez más asertiva, Asia se ha vuelto a convertir en una de las regiones de mayor fricción geopolítica del globo. Ello le convenció de que la reforma constitucional era imperativa, algo que colisionaba de lleno con el grueso de sus compatriotas, que no deseaban reforma alguna. El hecho adicional de que cualquier modificación de la carta magna deba ser refrendada por dos tercios de la Dieta (antes de ser sometida a referéndum) dificultaba hasta ahora aún más sus ambiciones.

    Su administración consiguió capear el temporal aprobando por la mínima las ‘Leyes de Seguridad Colectiva’ (2015), mediante las cuales la JSDF puede participar con tropas en misiones de paz y desplegar soldados en países aliados que se enfrenten a una amenaza común. Las manifestaciones contrarias a la medida se convirtieron en las más multitudinarias de la historia reciente, con los asistentes comparando a Abe con su abuelo, quien también tuvo que lidiar con protestas similares en 1960.

    Los resultados de la jornada de ayer suponen la victoria definitiva de su proyecto. Y es que además del respaldo del PLD y de sus socios de coalición del Komeitō, la reforma constitucional cuenta también con el apoyo de uno de los principales grupos de la oposición (el Partido por la Innovación).

    El otro gran apoyo será el de EE.UU., cuyas distintas administraciones han esperado de Tokio un mayor rol en materia de seguridad regional desde hace más de tres décadas. Y es que, si Washington termina por completar su anunciado ‘Giro hacia el Pacífico’, no hay duda de que Japón será la piedra angular sobre la que se sustentará todo su esquema de seguridad.

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